Tender a rocío, a palmera orillada.
Encajar lo omitido, escondido,
fantasmas profusos,
pensares.
Inclinarse a ingeniero,
poeta,
sílfide,
estrella.
Rata almizclera.
Y captar el bramido de la ira cubierta de benevolencia subyugada por la lana:
el resentimiento y cansancio en la mirada de en el metro una anciana.
Y ostentarse por el poderío dado por la vista supuestamente enrabiada:
hago a los que se cruzan agachar ante mi paso la mirada.
Y circundar lo delirante, por la risa despótica.
Y ahondar en lo profundo: leo en el metro.
Y rozar el roce de mis pasiones subyugadas: sonrío a veces pensando en.
Y caer en el juego: agotarse, mentir, revolcarse.
Y hacer como que se sale y como que se entra
una y otra vez.
Tenderse a bullir o revolotear.
Atisbar que se es y se está a destiempo.
A veces, con los movimientos y palabras, dejar entrever
que se ha abandonado el razonamiento por puro impulso, furia, pasión.
Que no se es más que un tonto sirviente de las emociones, sentimientos,
rondando en busca de satisfacción.
Porque eso es lo que quieren que piense.
Porque eso es lo que quiero que piensen.
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