I
¡Quién hizo al hombre tan disímil como el canto del viento!
A ti, destructor de la patria
veneno del vástago de la posible grata hierba,
a ti, ¡que separas el mar del cielo!
Te maldigan los cantos de mis tías muertas,
¡mentiroso!
Te inculpen de los pecados que pocos como yo,
saben que llevas en el corazón
Bíblico traidor.
Hombre de lo obstuso
que se oculta entre las risas
hombre de las promesas
que en un Universo ajeno podrían ser verdad
¡porque aquí yo he vivido tu obra!
Yo, soy yo, ¡aquél que el pecado de tu hijo vivió!
Pescador, hombre de palabra.
Hombre de las olas, que no desea mal
¡sólo yo!
Que he errado en la vida.
Que soy cualquiera hijo del Señor,
que se ha equivocado y ha intentado enmendar
como el apaciguamiento luego de la tormenta me enseñó.
Y yo viví la mentira,
¡la traición!
Como el erizo que se despliega dentro de las vísceras,
el único en el que había confiado habló;
desató el desastre.
¡Y murieron los peces!
El secreto que escondía se develó:
arremetieron contra las barcas los calamares.
Mi vida
mi obra
mi secreto
que sepultado generaciones bajo el mar había estado
contra los hombres arremetió.
¡Y mi pueblo devino en ruina!
Mi compañero, ¡el único amigo!
El hombre del corazón de coral
naranjo óxido
apunto de quebrarse
por la pena que sentía.
El compañero de noches de dos remos
el que depositaba su rostro en mi hombro al tiempo
que lo consolábamos yo y la mar.
Cuyas lágrimas en mi piel sentía
cálidas
y caían en el océano para consuelo encontrar.
El marinero en que deposité el alma viéndose aplastada
por las pinzas del ingrato cangrejo.
El impío que con sus ojos negros de muerte
mirándome a los ojos
ante el nombre de su padre palideció.
¡La imagen olvidada!
El atrevimiento contra lo que más quería.
La máxima traición.
El par de ojos más tristes que al horizonte hayan apuntado
el acontecimiento irracional
que mi pueblo intentó olvidar.
El personaje lastimero de mi vida que pasó:
el tritón infectado
por una tristeza enorme
por el agujero que el dominio de su padre
siempre supuse causó.
El nombre que mencionó en las noches de luna,
entre el sonido de las olas,
diciendo que le había hecho tanto daño.
El hombre cuya identidad soltaba
trémulo
antes de apretar los puños y mirarme hasta hacerme doblegar de compasión.
Ahora, ante la luz del nuevo centenio.
Ante la promesa de la nueva dinastía.
A la espera de la coronación del próximo gobernador
yo aún recuerdo el nombre olvidado.
Futuro rey de Sufokia:
eres el padre del hombre que la peor de las traiciones cometió.
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