miércoles, 13 de noviembre de 2013

Flores de Madera

Las recojo cada día; me encantan. A pesar de que el día ande amargo o haya dormido poco o me haya ido mal en el trabajo, recojo una cada día o las quedo contemplando del árbol y me conformo con volver a ver a mi casa, luego, la que recogí el día anterior. Y me quedo a veces diez, quince minutos mirándolas, o juego con ellas: les saco uno, dos pétalos, o quizá qué cosa que sean, cáscara, semilla, y los rompo entre los dedos pensando en las cosas buenas del pasado o me las pongo en el pelo. Y me hacen feliz cada día porque siguen siempre iguales, y siento que cada día alguien me entregó un ramo que no muere, que no se marchita, un algo que no se pierde ni se muere con el tiempo y que brilla cada día como la primera vez.

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