lunes, 7 de octubre de 2013

Días de 2010

Encuentro poco posible que me busques sin serlo.
Que me llames sin pensarlo.
Que me hables sin sentirlo.

Inconcebible para mi pecho a tu amor acostumbrado.
Extrañísimo soltarlo por mi brazos a tu cuerpo
caliente siempre enlazado.

Me parece que parezco.
Y te parezco que no pareces.
Y parecemos que no tenemos que parecer nada.
Y no parecemos que haya nada que se nos parezca más.

Y amo tu cabeza loca y tu razón distinta a la mía
concebida.
Y sonrío a tu sonrisa desprovista de condicionantes ni verdades
ni mentiras.
Y amo tu rostro lánguido de ojos tranquilos y
labios de vida.
Y adoro tus manos finas de dedos de música
contenida.

Y te amo a ti.
Entero.
Ante la vida burlesco y al otro siempre ajeno.
Que das todo sin esperar nada.
Y que me esperas siempre para dejar mi ser exhausto
sobre tu pecho de hombre, infinita calma.
Y sé que mis manos pueden tocar tus cabellos,
y sé que tus oídos pueden recibir
mis angustias y mi corazón maltrecho.
Por mí, tú, ser grande, rebajado a vertedero.

Y sé que de tus lamentos también soy dueño.
De tus pesares, tus anhelos, tus recuerdos y tus sueños.
Y te amo más que a nada en el mundo.
Y yo existo, sonrío y siempre sigo entregando
todo a la nada pero con el corazón seguro.
Oh, porque éste descansa en tu puño
Junto a mis sentimientos más profundos,
 y a cada capa de la mortaja que recubre
mi interior ante el mundo mudo.

Y oh, caballero dueño de mi plenitud.
Que sé que tanto me amas y que tanto confías y me das.
Que me buscas entre la multitud,
y mi nombre en ocasiones pronuncias, con tu voz de poeta,
sinfonía.
Que me miras con esos ojos mieles de estrella
y dejas que te toque y te llame con un título,
banal mentira.

Príncipe de invierno.
Corazón libre de paz eterna.
Por qué razón me dejas permanecer a tu lado, y llamarte mío
si tu alma obedece al viento
y no a la razón del hombre condenado.
Por qué eres tan grande para no mentirme
pero tan generoso como para siempre omitir lo que duele.
Por qué no te compadeces un día de tu siempre dolido compañero
y haces tuyo su nombre maldito;
su mano enlazas contigo.
Por qué no le besas la frente,
y lo haces sentir que no estará solo,
nunca más...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario