jueves, 12 de noviembre de 2015

Zaguán


Tengo miedo;
no.
Tengo miedo;
no.
Tengo miedo;
no.

Tantas veces
tantos causes
tanto auge
ah...
tanto vuelo
tanta resurrección
—de palabras, de ángeles,
de paspartú—
ah...

Cuatro
seis
ocho
diez
ah...

Los vuelos cesan
a veces
y eso no es malo
ya lo sé.

Hay cosas horribles
lo sé:
abuelas cansadas con siete
niños, solos, al cuidado.
Es algo hermoso también.

"Hoy en la tarde
vamos a ir a dar un paseo con la Bubu"
Y el cochequeelvómitoque
hay que cambiarle el pañal.
"Y terminamos saliendo
a las seis de la tarde."
Y eso es hermoso también.

Antaño, sentía temor
ante los momentos buenos:
las risas de mis amigos
las buenas conversaciones;
latía el terror.
De que no fueran a repetirse las cosas
de que ese intenso momento
de Verdad
iba a pasar.

Y sentía tanta
tanta pena

II

por pasar
el tiempo
y separar
lo que en un momento
fue unión

"Tú
—tus ojos siempre dulces—
amor de mis días
un día te irás.

Ustedes
compañeros de congoja
crecerán
cual enredaderas trepidantes
por reductos y pasillos
avanzarán

pero siempre estaremos
unidos"

Como el discurso de la titulación de Cuarto Medio.
Como esas promesas quinceañeras,
como esa extraña sensación
hablando borracho con algún viejo amigo
de que por siempre lo íbamos a ser

III

Hoy vivo entre gatos y perros
me confundo, dictamino
poco enjuicio
—es mi intento—
hablo en esquemas cual estrellas
y me rodeo de gemas mágicas.

De aliento feérico
hoy camino lento
de mayor seguridad
hoy sonrío y digo:
"esto pienso".
Y titubeo, sí,
cual topo urgueteando en sus madrigueras
y levanto la vista,
varias veces al día,
y alrededor miro:
y hay ojos dulces otra vez.

"¡Hoy compañeros míos, disfrutemos!
Sin tanta ansia
sin tanta pasión
—dejemos eso al amor—
y hablemos de la vida
y bailemos reggeatón.
Y estudiemos
a veces, celebremos
demos contenido a nuestros días
y busquemos
hoy, en nuestra etapa compartida
a dónde queremos apuntar
de cada uno la pulsión.

Ya sin brote ávido
de deseos sujetos al arbitrario de la vida
cual palanca de máquina de peluches
lanzando un agarrón sin avisar.

Ya sin agonía gris de los días:
el ropaje de penas mías
de acumulación de deseos, de caricias no dadas
de sueños mojados y callados
y sentimientos cual abrasión.

Ya sin risas falsas
—tantas—
sin imposición
de un superyó
que ni siquiera he cuestionado si es el mío
—mis padres, nickelodeon, Dios—
sin en la garganta
el agrietado sabor.

Y erremos, un poco,
y hablemos al respecto
y arreglémoslo
—hoy sabemos lo que pesan estas cosas
las palabras, los momentos
o jugamos
más seguros
a creerlo saber.

V

"Y tengo solo veinte años"
decía
y hoy canto
a la posibilidad.
Con mis botas moradas
con mis pendientes de muérdago y retruécano
con mi pañuelo de florcitas
y mi parada ante la vida:
cual mago buscando satisfacción
cual investigador
cual enlazador de cuentos de extraños
un actor-observador
que es amigo de las plantas y los perros
cual loco en busca de satisfacción.

Y cocino
—tres recetas;
desde ahora empiezo a contar
Y habito
—mi cuerpo, mis cariños,
mi madrigal—
y mis deseos abrazo y me digo:
desde ahora empiezo a contar.

jueves, 8 de octubre de 2015

Alas para mí

Una energía con la que me mezclé
¿podemos ver las cosas separadas ahora?
podemos
ser
sin tener en cuenta el quiebre
y la recomposición del cristal?

trozos grises, verdes, rojos
morados, azules
caleidoscopio de expectativas y suspiros entre la bruma del amanecer
-cómo recordarás tú las cosas, más vívido y menos melancólico que yo.

Hojarascas pisadas con rabietas
rabietas pausadas con respiros
repiros interrumpidos por pasión.

Cómo estarás tú
que entre mis luces te fulgiste y descarscaraste tantas veces;
qué habrá quedado de ti en mí.

Ayer Javiera
-la recuerdas; la había conocido cuando estábamos en uno de nuestros mejores tiempos
poco antes
de que dejáramos de hablar-
me dijo que había adquirido uno de mis gestos
ése de ponerse
la mano en el corazón.
Ella, que tanto admiraba por su sagacidad
y que tan independiente la veía del mundo
cual plutón
lleva una parte mía en su corazón.

Quizá no esté tan solo
en este momento
en el mundo

Quizá en mi zigzagueante paso
-desde que te fuiste no he vuelto a sentarme a ver el amanecer con alguien más-
sí he ido generando nexos
como en ese juego de niños
en que se van enredando entre los dedos los hilos
y luego se empieza a desmadejar
-¿lo recuerdas?

Y aunque ahora sienta deseos de irme
siento cosquilleo en los homóplatos
en las nalgas
en las pantorrillas;
y solo, ante el peñasco en el que junto a mí te posabas
y balancebaas y reías;
Dios, cuánto miedo de que fueras un día a caer
...
Abro esta mañana los brazos
y siento cómo se tenzan los hilos que sostienen mi piel:
los de mis nuevos amigos, los de Javiera,
los tuyos
que hoy vienen de tan lejos.
Y hoy
son como alas para mí.

viernes, 21 de agosto de 2015

Mi cuerpo se vuelve ceniza después de ti... pero podrá seguir, sí. Capto ahora aire, grito, smog. ¿Y me gusta? Sí. Sí… Mi nueva vida con un aroma que no volveré a sentir, y cuyo espacio será llenado por otras sustancias vaporosas. Cantos nuevos, ninfas, obsesiones, deporte, mascotas, series de televisión. Ello, mientras los gramos tuyos que quedan dentro mío van decantando, cayendo hacia los extremos de mis brazos y piernas, y perdiéndose cual uñas y piel muerta.


Pero pasarán los años, los meses y los días, y quedará algo tuyo en mí plausible. Y un día, en una reunión social cualquiera, en un vídeo, reflejado en la ventana de un pub, me veré haciendo uno de los gestos que adquirí de ti. Como los que tú de mí has aprendido. Como otros que sin darme cuenta me han pasado a formar, cual collage, que vinieron de gente que ya no está. Que vinieron de gente que ya no está. Que vinieron de gente que ya no está.

Y son mis partes ahora. Cual muñeco de trapo, de tela de diez colores y puntos y rayas. Y uno era en principio tuyo –o quizá de quién en un inicio lo fue–, y a veces –aunque ahora no quiera–, cuando se me haga patente aquél en mi masa de tela indivisa, me acordaré de ti. Me acordaré de ti. Entre tantos hombres de tela andando por las calles, yo me acordaré de ti.  

martes, 30 de junio de 2015

Eucaliptus

Separar a alguien en indicios
es brutal
y no es tan sólo llamarlo
por quebrantos:
es un punto de alma
que hay que buscar
y verlo completo.

Y hay un día que te has levantado
y miras el espejo
y te ves
diferente.
Y hoy que me he levantado
y veo el espejo
y no hay igual.
canto a un reflejo cortado
de semen
grito
pimienta;
duda
eucaliptus
sinceridad.

Y recuerdo un bosque
del que hablaba mi mamá
—ella, llena de deseo y resguardo,
ella, hoy tan lejos—
y pienso
en ese aroma que en mí
hace agitar a un nacer
de infancia, de idas a la playa
de cojines y sopaipillas en el sillón.
Y hace brotar
una melancolía y un duende
de ropa opaca
hilo conductor
de mi mirada anhelante.
Recuerdo brumoso
de infancia de pájaros solos
recuerdo brumoso
de eucaliptus el olor.

Y el canto del viejo
—el abuelo de mi madre
junto a la estufa a carbón—
contando el martirio
de ver los centenarios árboles morir
ante la tala y la tierra sucia
de los arbolitos que empezaban a surgir.

"Que estos liberales
que no piensan en nadie.
Que estos liberales
que a los que siempre hemos vivido aquí
la vida nos cambian
y nos hacen sufrir."

Él, que odiaba los tarros
y trabajaba en una fábrica de metales
y cuya muerte ante el cáncer
fue una de las primeras cosas que vi.
Yo, que entre rieles y ruidos
y entre el olor a eucaliptus
fue donde crecí.
Y los amo.
a ellos venidos del afán del hombre blanco y golpeador.
A ellos
que aplastaron y mataron
a los alerces
a ciertos ríos y ciertas aves:
el hogar de gente que respeté y ya murió.

¿Y esto está errado?
No.
Crecí allí, ante su cobijo
lloré allí, en mi primera soledad.
¿Pueden culparte por amar a alguien?.
Una voz púnica
Un tormento arrullador
Un cariño
a ese gato que es sólo amable contigo
y en sus ojos cae en un abismo
de pálpito el corazón.
De un ansia roja
cuando anda lejos
y temes que le hayan golpeado.
Una indecible y martirizante duda
de sentir
algo que piensas hace mal;
una ahogada
pero amarilla
sinceridad.

Pequeña, tan pequeña,
que puedo guardarla
en mi tetilla.
pequeña, tan pequeña,
que sólo los irracionales
se llegan a preguntar:
"¿habrá un rojo anhelo
en él esperando por brotar?
Una cápsula
congelada:
un capullo
encontrado en el bosque
cuando niño
y traído de esa tierra brígida,
Zapallar?

De donde han venido los erigidores
de este Estado de Martirio
De donde han salido
aquellos que han puesto de nanas y obreros
a nuestras mamás.

Pero nosotros somos los amigos de Nico.
Pero nosotros somos ahora
su hogar
Lo cobijamos y lo abrazamos
y nunca le haríamos daño
Lo cobijamos y lo abrazamos
pero
hay algo dentro suyo que
realmente no llegamos a entender."

Y es que los amo, amigos míos
pero sin darme cuenta a todos he sido ambiguo.
Y es que la lengua en que conversamos
no es aquella en la que hablaba cuando nací
y es que el nombre que ustedes me dicen
no es que el me rige
sino David.

Y cambia mi horóscopo
y cambia el anhelo que da cuerda a mi sentimiento
Y creo, sí creo,
en nuestra lucha
Pero hay algo mío
que por mucho he negado
que me inspida y los pulmones me envuelve
cual rojas alas de mariposa atada.
Que en un letargo me tiene
y que estas amarillas pústulas
hace surgir hoy en mi piel.

Hoy, que huelo las semillas que guardo
en mi pecho
y cuyo latido ya no quiero contener.

domingo, 31 de mayo de 2015

Perdimos: no pude hablar suficientemente claro o fuerte;
no logré aportar a la Revolución.
¿Por qué sigues mirándome entonces?
No has leído mis escritos;
ahí sí que vivo:
soy claro, tenue, perspicaz:
ahí puedo darme el tiempo para ensayar y dejar solo lo que quiero mostrar.
¿Por qué sigues mirándome entonces?

Soy de paja, polvo y fulgor:
abro las latas de mi espalda y dejo escapar fuegos de artificio:
y dicen blá, bli, blo:
¿realmente has entendido lo que he querido expresar alguna vez?
Realmente, no he querido decir nada claro:
me asusta mostrarme, herir a alguien;
broto a tiempos y luego me quiero esconder cual camaleón.
¿Por qué no hablamos solo por correspondencia?
Y así no veo tu risa
y así no veo tu espalda
y así no siento tu calor.

Y así no titubeo.
Y así no temo ante las sombras que rodean el día a día:
de la gente triste, de la gente álgida de espesor.
Es difícil ser persona, lo sabemos.
¿Por qué has escogido, entonces, salir?
Y por qué me tomas de las manos y me llevas contigo
y te ríes y vas saltando conmigo de la mano hasta el fin.

Hombre de los campos
hombre de los ojos de castor
hombre de las manos de crisálida
hombre de los labios de pasión
siento tantas cosas
que no logro concretar con palabras
siento tantas ganas
que no sé a qué van a puntar.
Sólo sé
que te quiero
que te quiero
que te quiero


Te quiero por lo que se te escapa

miércoles, 11 de marzo de 2015

Gris Perlado

Hoy la conocí. Tenía los ojos de conejo, y era amable. ¿Y qué más puedo escribir?
He dado paseos por Bulnes: en mi mente, con las piernas, en mi intención. Y unos se han concretado, y otros no. Y heme aquí hoy, algo triste, de nuevo. Y heme aquí hoy, en el momento en que ya pasó. ¿Quedan coronas? De miedo, deseo, papel. ¿Queda pasión? Mi hojarasca, siempre escondida, en putrefacción.
Hoy la he conocido, en el bosque. Hoy nos hemos mirado, y he sentido confusión: ella con sus ojos de conejo, yo con mi rostro de perro. Ninguno es mejor. Ninguno es mejor.
Hoy me ha brotado hálito de las palmas; dulces tentáculos de las costillas. Silenciosamente beligerantes, han encontrado al que hace un tiempo dejé de buscar. Y lo han traído. A mí, a mis espaldas, mientras compraba en el cine del centro las entradas para el festival. Y mi nombre ha clamado, dulce, y yo he volteado y despampanado, como un sol. Y ha sido bonito; a veces olvidas los tonos que puede tener alguien, en vivo; como ver en persona un cuadro de Monet. Y estaba su novia. Y le compré calcomanías; todos sonreímos. Pero recordé, rato luego, como en su nombre había reposado un mes pasado, mirando para abajo, junto al encendido árbol de Navidad; “más luces no, por favor”. Más que mi sola luz no, por favor.
Ay, sombra de Lucien. Hay tanto pejesapo, tanto gato, tanto amor posible. Tanta función, y tanto espacio a ser llenado por cualquiera. Pero la vida no es sólo mente, y teoría y definición. Es melancolía, llanto espeso, luciérnagas, en el agua el magma surgiendo. Sentimientos cual delito, y aires de comunión. A veces, con alguien –el sol saliendo entre los cerros; tu mirada perdida al lado de la mía, y yo todavía con la esperanza de que por el centro podríamos llegar a pasear–. A veces, con alguien –tanto celo, tanta envidia; sí, pronuncio la palabra básica y maldita ante la penumbra de que resbalen de las manos mis añoranzas cual mágicas babosas–. A veces, con alguien –ese abrazo; esa mirada; esa confesión a las dos de la mañana, a través del computador–. Sí, a veces, la comunión.

domingo, 1 de marzo de 2015

Cierro los ojos
te miro, te toco y te beso.
Todo es de verdad.

tú y esa risa
tú y ese palpitar.

Pero: ¿me preocupas de verdad?
eres tú o el afán
de tacto.
eres tú o el afán
de amor.
¿Y qué es amor?
La forma del impulso
la forma del borboteo
la forma de la pulsión.

Hay tanto
que no puede ser aprehendido
hay tanto
que sin ser capaz de nombrarlo nos creemos
capaces de abrigar.
Tú y tu risa
la forma que me forma.
Tú, palpitar.

Pero, te siento:
de verdad.
No es lo mismo que ayer.
No es lo mismo que antes.
No eres Edipo.
No eres K.
No busco en ti columna cual puente a la totalidad.
Sólo te busco a ti;
a tus sonrisas
a tus miedos
a tus dedos
a tu dios.

Y no hay ya mayúsculas.
No hay ya pavor ante el Señor.
Eres de piel y hueso, como yo;
escala de grises de deseos y hollín.
Y, ¿por qué te quiero?
¿Porque a ti te puedo abrigar?
Porque puede haber abrazo mutuo
y calor nos podemos dar.

No lo sé;
no hay concluyente respuesta
pero entre tus dedos siento un hogar.
Y sí, hay un dejo patológico
cual evangelio muerto en Navidad
pero te quiero.
¿Importa algo más?
Y no es tanto:
eres un hombre de carne y hueso
como todos los demás.
Y uno no sabe mucho:
de dónde vienes, a qué vendrás.
No hay concluyente respuesta;
nunca la hay.
Pero contigo siento un hogar.
Y no entiendo por qué siento las cosas
pero las siento
y contigo quiero estar.

Aunque, las cosas como siempre se complican más:
no te miro, no te toco y no te beso.
Y no hay verdad.

Abro los ojos


miércoles, 21 de enero de 2015

«Adoro las profecías.
Lo mejor es cuando se cumplen,
y si no se cumplen, forman parte de otra mentira más, dispuesta como un pilar en la vida de alguien.»


jueves, 8 de enero de 2015

de ojo serpentoso te viertes
en un mundo
de sigilo
pero yo te puedo ver:
verde
vertiginoso
verdesiempre
siempreviva tú.

Tú, de pierna anfibia
(el antepasado fulgor
venido de la sierra
hijo de un rey;
cómo no darse cuenta).
Tú, de crema cortada del café:
de risa de corte
de estilo de Hemingway
de una división basta
entre lo íntimo y el absurdo sabor
que al mundo muestras;
ése no eres tú.

Tú eres de cantos de dios griego:
de uno desconocido,
poco citado,
nunca común.
Tú, de apariencia de cloaca:
de quejido viejo
un rebote
fugaz.
Ay, quién fuera de tus botas los eternos cordones,
abrazándote.
De tu chaqueta las hombreras,
al tacto dándote siempre el aliento
—no sientas pena, hombre, más—.

Bebé
hombre niño de la pieza siempre sola
y tú allí, en la esquina,
con un peluche desguañangado, en la mano;
tú, siempre allí, queriendo cariño;
tú, siempre ahí, esperando por un amor
al que no dejas entrar.

Y yo he sentido resquicios de esa pena,
de esa gana:
en tu gesto del ojo,
en tu comentario,
en tu exclamación;
en el sabor de tus labios,
del tiempo remoto
un verde musgo jugetón.

No se sabe
cuál es amor de la vida,
el pololo perfecto.

No se sabe
quién en la vida cuánto irá a durar;
se tiene un halo
de un tono que se piensa
será mi vaho
el día en que necesitaré:
temor,
brío,
fe.

Y tu color es como el de la algas,
de mis favoritas medusas.
De algo que nunca he contado,
pero siempre me ha gustado.
De uno de esos deseos,
de esas imágenes que en mi cabeza surgían
en mis sueños, cuando pequeño:
cuando era un niño
solo
en mi pieza
con el peluche de un osito boxeador
esperando amor.

Hay tanta imagen ahora:
de futuros,
de un pasado olvidado.
De mí, con tanta gente;
departamentos con tanto background:
años nuevos, con diferentes amigos:
aquí, en Nueva York, en París.
Hijos inventados, inseguridades;
yo anarquista, yo-yo, yo burgués.
Y lo único en que creo:
sentimientos, colores.
Ay, hombre de los labios de sapo de color
de piel de medusa cariñosa
y abrigo de armiño siempre queriendo abrigo:
una de las cosas que sé
es que siempre te amaré.

Y no me importa realmente cuál sea el background
cuánto pase
en qué te vea
y en qué me vea a mí.
Con quién me case
cuándo me muera
qué diablos pase:
Yo sé que siempre te amaré
Yo sé que siempre te amaré
Yo sé que siempre te amaré
Yo sé que siempre te amaré.