viernes, 21 de agosto de 2015

Mi cuerpo se vuelve ceniza después de ti... pero podrá seguir, sí. Capto ahora aire, grito, smog. ¿Y me gusta? Sí. Sí… Mi nueva vida con un aroma que no volveré a sentir, y cuyo espacio será llenado por otras sustancias vaporosas. Cantos nuevos, ninfas, obsesiones, deporte, mascotas, series de televisión. Ello, mientras los gramos tuyos que quedan dentro mío van decantando, cayendo hacia los extremos de mis brazos y piernas, y perdiéndose cual uñas y piel muerta.


Pero pasarán los años, los meses y los días, y quedará algo tuyo en mí plausible. Y un día, en una reunión social cualquiera, en un vídeo, reflejado en la ventana de un pub, me veré haciendo uno de los gestos que adquirí de ti. Como los que tú de mí has aprendido. Como otros que sin darme cuenta me han pasado a formar, cual collage, que vinieron de gente que ya no está. Que vinieron de gente que ya no está. Que vinieron de gente que ya no está.

Y son mis partes ahora. Cual muñeco de trapo, de tela de diez colores y puntos y rayas. Y uno era en principio tuyo –o quizá de quién en un inicio lo fue–, y a veces –aunque ahora no quiera–, cuando se me haga patente aquél en mi masa de tela indivisa, me acordaré de ti. Me acordaré de ti. Entre tantos hombres de tela andando por las calles, yo me acordaré de ti.  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario