martes, 7 de octubre de 2014

Un Neptuno Fatal

Oh, mares de Pellines.
Oh, poderosa carta astral.
Días, cristales
la añoranza y el temor
de mi alma la lanza baja
y de los pescadores la muerte
antes de zarpar.

Días, meses, años;
miles y miles de años.
Mañanas, barcazas.
Noches de cristal.
Y años y años con un tiempo distinto
y que un día lleguen y
tu paso de las horas hagan cambiar.
Quién soy yo
ahora
Cuánto valgo
quizá.

Mi historia
la mía
mi historia
no más.
El salto, el trompicón:
las navidades,
la polola de los quince, el reggaetón.
Risas, risas:
en el último día de clases;
de mi mamá.
El canto único
de mi díscolo interior:
amores, orines, callejuelas;
el Sendero a la Distorsión
—no.

Mi historia, la propia;
El pasado, una canción.
Esta vida, la mía
mi deseo, mi añoranza, la traición.
Anarquía
Fornicar
Dubitar
Sonreír.
Es mío
es mío
y siempre lo fue.

Confesiones
de mí el blanco jugueteo
Ciertos labios, ajenos:
mi pasión.
Es esta la vista, la mía
que configura y ordena las cosas.
Helo allí, con su peso
y él
es distinto
para mí.

Y hay uniones
que te llevan para atrás.
Y otros
que a algo apuntan
y luego disgregar
y las notas son distintas:
un si, un sol, un do.
Negativa; positivo:
un leo, un piscis; escorpión.

Un halo, en el bosque,
en la noche
que se encuadra y encubre
con otro que no soy yo.
En una esquina, con música,
en un bar
y cierto moreno enfrente
y un deseo y un pensar.
En un terreno distante,
lejos
hay pecados y un hombre
parecido a él.
Pero no baila Lady Gaga
ni lee a Jean Genet.
Él pesca en las mañanas,
tiene un hijo
y un ritmo distinto al de mí.
No es mío,
no es mío
y nunca lo fue.

Y heme aquí
entre cantos de morenos:
a mi lado; distantes;
alfiles de candor.
Y pulsión de Gabriela
y la de Osvaldo
a mi lado, distantes:
sin Ley de Pesca,
sin el rapto del pescado viril.
Y dentro mío, entre música
y al igual que en cada uno
de los del tablero de ajedrez:
la pulsión
la única
pulsión.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario