Mi pecho agoniza por
desilusión roja viva
y mi cabeza nivela el cuerpo contra la
gradiente a la que tu falta me tiene condenado.
La fuerza de mi
corazón vacío mantiene en vela mis manos abiertas
esperando que se
estrechen por un algo que llego a pensar no existe
y sólo mi mente inventó.
Porque en los momentos
que estás eres demasiado
y en los que tu última mirada se posa en el alma mía
y en los que tu última mirada se posa en el alma mía
y las tardes y noches
pasan y pasan
dejas de existir.
Mi cuerpo desnudo se
revuelca sobre sí mismo
intentando sacar algo
que no llego de nada ni nadie
captar, encontrar,
retener
y que sólo en tus ojos
he visto
esbozo de perfección latente.
esbozo de perfección latente.
Mi cabeza da vueltas y trompica sobre sí misma
y se extrapola hasta los rincones del imaginario al que Dios
me tiene condenado
cuando tú no estás a mi lado
y a mil fines esperados y a un lustro de años
soñados llego a vivir
con los ojos casi cerrados.
Casi.
Porque sé que entre
las paredes de mi mente sólo estás
Recuerdo fantaseado
Éxtasis consagrado.
Y que al salir de mi paréntesis inventado llego a un espacio en el que no estás contemplado.
Felicidad armoniosa.
Dicha en persona.
A un lugar que no me llena,
no me motiva ni
sorprende.
Donde tu falta carcome
cada una de mis vísceras y me deja para siempre sin aliento:
abismo eterno que dejas entre mis huesos
maldito que viene para sólo dejar falta.
Inmenso espacio sin salida;
fruta que brilla al ingerirla y que termina
dentro mía podrida.
Que carcome mi carne
día a día
y mi mente fuera de mí sintoniza
en tu esencia;
lejanía.
Que me saca con fuerza
y me arroja brutalmente de vuelta.
Que al piso me lanza y
que con inútil fe me levanta
pero que me sostiene y
aguanta
en un dolor punzante y
constante.
En un cojeo eterno.
En un pasado que
motiva y destroza,
en un hoy que no pasa y en un mañana que no llega.
En un camino con tu
nombre al final
pero con burlas e
insultos escritos al paso.
Lleno de callejones
con seres horribles que mutilan mi todo
y matan mi visión del
demás.
Con un cielo nublado
que no cambia
y un calor sofocante
que no deja de hacerme estallar.
Pero que acepto y sigo
constante.
Sonriente.
Perseverante.
Porque al final de
ningún otro camino está el premio de verte sonreír…
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