viernes, 5 de diciembre de 2014

Cuando llegas
y te sientas
en tu casa
y, tu gato
-oh, tu gato-
y la trémula luz
de siempre
-desde niño; la lámpara que echó a perder tu mamá
y el hermano arregló;
lo único que queda
del antiguo hogar-.

Y ya estás libre:
el camino se acabó;
tanta gente
tanto sentimiento
tanta palabra
tanta defensa
tanto bombón.
Y ya no más:
terminaste
por fin;
lo lograste.

Y ahora aquí:
"mi gato y yo
yo y yo;
tanto proceso cerrado.
¿Es lo que quería, no?
Yo, solo.
Yo, otra vez.
Tanta herramienta nueva,
tanta muela caída,
tanto nuevo color.
Y heme aquí
solo otra vez.

La labia
-falsa, llana o serena-
la indefensión
-no más, no-
los cupidos
la promesa y el adiós.
Sonrisas de ojos tristes
y el gato y la taza de té
para pensar
siempre
para recordar.

Ahora hay qué hacer
ahora, con colores nuevos
y siempre
acompañado de mi antiguo gris."
Quién sabe
en qué pueda terminar
esta historia

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