viernes, 11 de julio de 2014

Vigilia sin

Las alas de la noche me cubren. Las tentaciones apagadas me cobijan. Tu mirada se esconde entre los árboles y no sé que más pensar… de mí… y de ti. Las manos de los pesares pasados salen de la tierra e intentan llevarme. Pero ya no sirve. Ya nada sirve. Son sólo esbozos de golpes. De caricias. De juegos. De amores y de odios. De un pasado y un futuro que penden ante la inmensidad. Los aullidos de los perros lejanos alcanzan poco a poco mi amortajado corazón y el miedo se empieza a formar. Con fuerza de olvido. Con potencia de vengar. Con rostro de melancolía. Con ojos de ti. Con esa mirada que antes me amaba. Que me quiso. Que me odió y que murió.
Recuerdos. Son sólo recuerdos.
Los géiseres de sangre disparan al son de mis latidos. Veo los parajes que no son ni serán nunca los mismos. Mis ojos antes eran sólo para ti. Ahora el canto de los cuervos es mi religión. El polvo de los antiguos mi placer sexual. Las ráfagas con olor a muerto mi única compañía.  Y tu recuerdo mi único pesar.  Las moscas mis compañeras de viaje. Y la desconocida inmensidad mi Dios para rezar. Las flores inertes me guían. Y un norte ya no hay en mi realidad.
Recuerdos. Son sólo recuerdos.
Las nubes conjuran un atronador castigo. ¿Contra mí? ¿Contra las traicioneras ratas? ¿Contra los seres con alas que se pueden ir cuando quieran?
    como tú
¿Contra los árboles que se mantienen erguidos pase lo que pase?
                                                                      ¿O contra ti?
¿Contra los meses que no cambian? ¿Contra los años que pasan? ¿Contra la gente que olvida?
                                                                     ¿O contra mí?
Los niños mueren. Las madres lloran. Yo sigo aquí.  Siguiendo al destino. ¿Contra la gradiente?
                                                                     ¿O contra ti?
O quizá contra el mundo. Pasando sobre los insectos y fetos enterrados y pisando lo que alguien alguna vez soñó. Matando pájaros con la mirada y perdiendo y perdiendo mi piel. Corriendo a campo traviesa sin mirar atrás.  Desgarrándome la carne y mordiendo y escupiendo al porvenir.
 ¿Qué acaso ya no soy persona? ¿Qué acaso el que nada sea como antes significa que yo tampoco lo puedo ser? ¿Qué el que ya nadie tenga manos ni piernas hace que yo sea una bestia también? ¿Qué los relojes ya no corran y que risas no se escuchen quiere decir que todo es el fin?
Me sostengo.
                                                                                                                                                           Lo intento.
Pero para sobrevivir debo matar. Para defenderme quemar. Para saciarme violar y para seguir masacrar lo más débil y lo dejado atrás.
                                                                                                                               ¿Acaso
desde que te fuiste
                                                                                                                                soy un animal?
               Acaso.
       Esta ahora es mi historia.
¿Y ya no importan mi principio y final?
                                                               
                        Y si
                                                                    todo es un sueño.

                                        ¿Y sólo juego  o jugué por un tiempo a despertar?

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