Caminas tú y haces
mundos enteros cada día
de candor.
Y lánguido
e insinuante y entregado al placer total
te abres.
Y el vaivén
tuyo
toca muchos
y ahora yo;
te he seguido.
Y tu punzar constante
en la vida
y tu existencia
sin vida
Vacío.
Arete.
Oro hueco.
Y nos heoms unido;
sexo;
arcadas.
Y yo que soy de plata
el bucólico aire de las madreselvas
bramando
lento,
bramando lento.
Yo, el que es entrega pendiente
ha descubierto que no lo es:
Cardinal,
yo soy negativo:
de plata
de resguardo
el resquebrajo
antes de ocurrir.
El resquebrajo, para siempre,
antes de ocurrir.
Y yo, el más animal de todos
-¿conoces tú mi pasado?-
estoy en desacuerdo
y me siento manchado
blanco hospital
ante el consuelo de las lenguas frías.
Claro, fría como es una tierra árida:
tibia; vacía.
Y yo no..
Hay tanto que.
Hay tanto quiero..
Hay tanto yo.
Y yo no.
Porque en mi cabeza hay
aguas azules
en la playa la noche.
Canciones -las mismas que tú tocas en piano, y no entiendes-
siempre:
y las repito, en cualquier momento,
bajo cualquier circunstancia,
con el sonido
de mi mente.
Y hay
frascos de colores,
grises, verdes, azules,
con un poco de cada cosa mía
en un estante
con gatos
quietos
cerca.
Pasión
Lujuria
Deseo.
Entrega
Cariño
Confesión.
Platón
Nevenka
Camelias;
dientes de Judith.
Risas de J.
El gesto de manos el hombre de piernas claras
y el júbilo de Flor, cuando me miró
esa vez.
Y esa espuma suave
entregada por la chca del collar de plumas.
Y esa pastilla que siempre tomó
Amelia para eludir su vacío.
Y también hay:
falos
colores
contenciones.
Pero eso son
y no más.
Y no amo a cualquiera:
los amo a todos.
Y
-doy esto, para siempre, en mí por sentado
pase lo que pase
cambie lo que cambie-
no me voy a entregar sin
que exista la especificidad:
la fragancia, el gesto, el recuerdo
guardo en un frasco azul.
Que es mía, sólo mía,
que he vivido y cada día
-quizá a veces cada tres-
sopeso y recuerdo: la amo.
Y tengo cien observaciones referentes
y tanta reserva y reparo con lo que comentaré
sobre mis tesoros jamás.
Porque soy de polvo,
de en la grieta la hierba opaca;
tórtolas en la hojarasca.
Y es cierto: deseo
tanto cuerpo tanto ojo tanta mano
tanto pecho tanto hombro tanto pectoral inequívoco.
Y en mi mente tanto
lamo vierto grito.
Pero afuera no,
y no quiero:
haz lo que quieras tú
pero ahora
-quizá algún día guarde en la estantería
el que es el choque de la carne vacía
el sentido-
pero ahora, no quiero
hacer sin sentir en lo más íntimo la Verdad
de mí.
Mis sonidos
los pasos conocidos
el ojo distante que admiro
y cuyos negativos cobijo,
cada día.
Y el que sentíase león enjaulado
ya no ve su encierro como antes:
quizá sólo es medio marsupial
y es lento
y tiene coraza
con poco de costras
y deambula y habla
y concentra
-siempre concentra-
sentido.
Y entre tú y yo,
hombre de candor constante hacia
todo hijo de Adán,
el que tiene el más prístino y
sincero calor
soy yo.
Y no estoy dispuesto que pases
entre mis escamas
y me toques
con el látigo de tu lengua
en apariencia roja pero tan, tan fría
que algo importante puedes romper.
Y ante la entrega sin sentido
para qué.
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