Y el trémulo animal dañado
lastimoso
con los ojos afectuosos
no estuvo ni nunca fue accidentado.
Ni dispuesto.
Ni animal.
Era un hombre.
Lamentablemente, un hombre.
Criado, desviado y venido al mundo
siendo distinto
mas no especial.
Con los ojos mordaces
mas no dispuesto a ayudar.
Dispuesto a dejarse tocar;
acariciarse.
A hacer como que te escuchaba.
A hacer como que éramos felices
tú y yo.
A hacer cómo que éramos
a hacer como que nada.
A hacer como que sabía sentir.
Pero no.
Porque era un hombre
más y menos que ninguno.
Distinto y parecido a nadie
que iré a conocer jamás.
Y me engañó, con sus ojos mieles.
Y me mintió, con sus omisiones
que ni él recuerda.
Y me acarició, con sus manos que ahora sé
alejadas.
Y fue con él con quién aprendí que yo realmente
podía a alguien amar...
Y es que a este hombre maldigo cada día
y su nombre repito abrumado enterrándome momento a momento
en el avellanado suelo.
Y recuerdo a sus ojos y entro en cólera
y escucho a sus palabras y vuelvo a huir al bosque
y me vuelvo a enterrar.
Y grito a veces
y lloro otras
¿¡Quién ha hecho al hombre tan disímil como el canto del viento?!
¡¿Quién ha convocado tal hueco inusitado para éste mismo humano
que no le confiere la posibilidad de escuchar a los demás?!
De entender.
De amar de verdad,
y no de la forma egoísta con que se recluyen los erizos cuando hace frío
y me ven a mí, pudriéndome en vida, entre las raíces de las hayas.
Entre las raíces que en mi corazón dejó tu amor
que fue mío y no tuyo
y que me tiene aquí
bañado en podredumbre
para siempre jamás
Y borbotea mi alma profusa
ante el recuerdo del hombre sobre el alma del cual
dos o más dioses lucharon;
quizá cuántos.
Y maldigo la hora en que el viento lo ungió de gracia
y golpeo y golpeo mi propio cuerpo:
a él, que le di mi confianza.
Y confieso,
¡lo he descubierto!
Zeus, Odín, ¡Apocalipsis, Heros!
Incluso tú, Narciso,
Cien veces tú, Odín.
¡Lo he descubierto!
Los restos de su lucha: la confusión.
Los dejos perfectos:
sus manos, la mirada acogedora.
Lo contrario:
lo gélido, lo alejado.
La mentira encerrada, la falta de humanidad.
¡Los he visto a todos!
¡Me han rozado!
Podría hablar de ellos, ¡horas!
Ahora podría reconocer a los dioses
a la distancia.
Podría despotricar contra el destino
usando las palabras adecuadas.
Lo he visto todo.
Los he sentido,
y en mi han causado estragos.
Los he sentido,
en él.
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