miércoles, 30 de julio de 2014

Lengua Fría

Caminas tú y haces
mundos enteros cada día
de candor.

Y lánguido
e insinuante y entregado al placer total
te abres.

Y el vaivén
tuyo
toca muchos
y ahora yo;
te he seguido.

Y tu punzar constante
en la vida
y tu existencia
sin vida

Vacío.
Arete.
Oro hueco.

Y nos heoms unido;
sexo;
arcadas.

Y yo que soy de plata
el bucólico aire de las madreselvas
bramando
lento,
bramando lento.

Yo, el que es entrega pendiente
ha descubierto que no lo es:
Cardinal,
yo soy negativo:
de plata
de resguardo
el resquebrajo
antes de ocurrir.
El resquebrajo, para siempre,
antes de ocurrir.

Y yo, el más animal de todos
-¿conoces tú mi pasado?-
estoy en desacuerdo
y me siento manchado
blanco hospital
ante el consuelo de las lenguas frías.

Claro, fría como es una tierra árida:
tibia; vacía.

Y yo no..
Hay tanto que.
Hay tanto quiero..
Hay tanto yo.
Y yo no.

Porque en mi cabeza hay
aguas azules
en la playa la noche.
Canciones -las mismas que tú tocas en piano, y no entiendes-
siempre:
y las repito, en cualquier momento,
bajo cualquier circunstancia,
con el sonido
de mi mente.

Y hay
frascos de colores,
grises, verdes, azules,
con un poco de cada cosa mía
en un estante
con gatos
quietos
cerca.

Pasión
Lujuria
Deseo.

Entrega
Cariño
Confesión.

Platón
Nevenka
Camelias;
dientes de Judith.

Risas de J.
El gesto de manos el hombre de piernas claras
y el júbilo de Flor, cuando me miró
esa vez.

Y esa espuma suave
entregada por la chca del collar de plumas.
Y esa pastilla que siempre tomó
Amelia para eludir su vacío.

Y también hay:
falos
colores
contenciones.
Pero eso son
y no más.

Y no amo a cualquiera:
los amo a todos.
Y
-doy esto, para siempre, en mí por sentado
pase lo que pase
cambie lo que cambie-
no me voy a entregar sin
que exista la especificidad:
la fragancia, el gesto, el recuerdo
guardo en un frasco azul.
Que es mía, sólo mía,
que he vivido y cada día
-quizá a veces cada tres-
sopeso y recuerdo: la amo.

Y tengo cien observaciones referentes
y tanta reserva y reparo con lo que comentaré
sobre mis tesoros jamás.

Porque soy de polvo,
de en la grieta la hierba opaca;
tórtolas en la hojarasca.

Y es cierto: deseo
tanto cuerpo tanto ojo tanta mano
tanto pecho tanto hombro tanto pectoral inequívoco.
Y en mi mente tanto
lamo vierto grito.
Pero afuera no,
y no quiero:
haz lo que quieras tú
pero ahora
-quizá algún día guarde en la estantería
el que es el choque de la carne vacía
el sentido-
pero ahora, no quiero
hacer sin sentir en lo más íntimo la Verdad
de mí.
Mis sonidos
los pasos conocidos
el ojo distante que admiro
y cuyos negativos cobijo,
cada día.

Y el que sentíase león enjaulado
ya no ve su encierro como antes:
quizá sólo es medio marsupial
y es lento
y tiene coraza
con poco de costras
y deambula y habla
y concentra
-siempre concentra-
sentido.

Y entre tú y yo,
hombre de candor constante hacia
todo hijo de Adán,
el que tiene el más prístino y
sincero calor
soy yo.
Y no estoy dispuesto que pases
entre mis escamas
y me toques
con el látigo de tu lengua
en apariencia roja pero tan, tan fría
que algo importante puedes romper.
Y ante la entrega sin sentido
para qué.

viernes, 11 de julio de 2014

Vigilia sin

Las alas de la noche me cubren. Las tentaciones apagadas me cobijan. Tu mirada se esconde entre los árboles y no sé que más pensar… de mí… y de ti. Las manos de los pesares pasados salen de la tierra e intentan llevarme. Pero ya no sirve. Ya nada sirve. Son sólo esbozos de golpes. De caricias. De juegos. De amores y de odios. De un pasado y un futuro que penden ante la inmensidad. Los aullidos de los perros lejanos alcanzan poco a poco mi amortajado corazón y el miedo se empieza a formar. Con fuerza de olvido. Con potencia de vengar. Con rostro de melancolía. Con ojos de ti. Con esa mirada que antes me amaba. Que me quiso. Que me odió y que murió.
Recuerdos. Son sólo recuerdos.
Los géiseres de sangre disparan al son de mis latidos. Veo los parajes que no son ni serán nunca los mismos. Mis ojos antes eran sólo para ti. Ahora el canto de los cuervos es mi religión. El polvo de los antiguos mi placer sexual. Las ráfagas con olor a muerto mi única compañía.  Y tu recuerdo mi único pesar.  Las moscas mis compañeras de viaje. Y la desconocida inmensidad mi Dios para rezar. Las flores inertes me guían. Y un norte ya no hay en mi realidad.
Recuerdos. Son sólo recuerdos.
Las nubes conjuran un atronador castigo. ¿Contra mí? ¿Contra las traicioneras ratas? ¿Contra los seres con alas que se pueden ir cuando quieran?
    como tú
¿Contra los árboles que se mantienen erguidos pase lo que pase?
                                                                      ¿O contra ti?
¿Contra los meses que no cambian? ¿Contra los años que pasan? ¿Contra la gente que olvida?
                                                                     ¿O contra mí?
Los niños mueren. Las madres lloran. Yo sigo aquí.  Siguiendo al destino. ¿Contra la gradiente?
                                                                     ¿O contra ti?
O quizá contra el mundo. Pasando sobre los insectos y fetos enterrados y pisando lo que alguien alguna vez soñó. Matando pájaros con la mirada y perdiendo y perdiendo mi piel. Corriendo a campo traviesa sin mirar atrás.  Desgarrándome la carne y mordiendo y escupiendo al porvenir.
 ¿Qué acaso ya no soy persona? ¿Qué acaso el que nada sea como antes significa que yo tampoco lo puedo ser? ¿Qué el que ya nadie tenga manos ni piernas hace que yo sea una bestia también? ¿Qué los relojes ya no corran y que risas no se escuchen quiere decir que todo es el fin?
Me sostengo.
                                                                                                                                                           Lo intento.
Pero para sobrevivir debo matar. Para defenderme quemar. Para saciarme violar y para seguir masacrar lo más débil y lo dejado atrás.
                                                                                                                               ¿Acaso
desde que te fuiste
                                                                                                                                soy un animal?
               Acaso.
       Esta ahora es mi historia.
¿Y ya no importan mi principio y final?
                                                               
                        Y si
                                                                    todo es un sueño.

                                        ¿Y sólo juego  o jugué por un tiempo a despertar?

jueves, 3 de julio de 2014

Borbotea mi alma a causa del recuerdo del hombre sobre el cual

Y el trémulo animal dañado
lastimoso
con los ojos afectuosos
no estuvo ni nunca fue accidentado.
Ni dispuesto.
Ni animal.

Era un hombre.
Lamentablemente, un hombre.
Criado, desviado y venido al mundo
siendo distinto
mas no especial.
Con los ojos mordaces
mas no dispuesto a ayudar.

Dispuesto a dejarse tocar;
acariciarse.
A hacer como que te escuchaba.
A hacer como que éramos felices
tú y yo.
A hacer cómo que éramos
a hacer como que nada.
A hacer como que sabía sentir.
Pero no.

Porque era un hombre
más y menos que ninguno.
Distinto y parecido a nadie
que iré a conocer jamás.

Y me engañó, con sus ojos mieles.
Y me mintió, con sus omisiones
que ni él recuerda.
Y me acarició, con sus manos que ahora sé
alejadas.
Y fue con él con quién aprendí que yo realmente
podía a alguien amar...

Y es que a este hombre maldigo cada día
y su nombre repito abrumado enterrándome momento a momento
en el avellanado suelo.

Y recuerdo a sus ojos y entro en cólera
y escucho a sus palabras y vuelvo a huir al bosque
y me vuelvo a enterrar.

Y grito a veces
y lloro otras
¿¡Quién ha hecho al hombre tan disímil como el canto del viento?!
¡¿Quién ha convocado tal hueco inusitado para éste mismo humano
que no le confiere la posibilidad de escuchar a los demás?!
De entender.
De amar de verdad,
y no de la forma egoísta con que se recluyen los erizos cuando hace frío
y me ven a mí, pudriéndome en vida, entre las raíces de las hayas.
Entre las raíces que en mi corazón dejó tu amor
que fue mío y no tuyo
y que me tiene aquí
bañado en podredumbre
para siempre jamás


Y borbotea mi alma profusa
ante el recuerdo del hombre sobre el alma del cual
dos o más dioses lucharon;
quizá cuántos.
Y maldigo la hora en que el viento lo ungió de gracia
y golpeo y golpeo mi propio cuerpo:
a él, que le di mi confianza.
Y confieso,
¡lo he descubierto!
Zeus, Odín, ¡Apocalipsis, Heros!
Incluso tú, Narciso,
Cien veces tú, Odín.
¡Lo he descubierto!
Los restos de su lucha: la confusión.
Los dejos perfectos:
sus manos, la mirada acogedora.
Lo contrario:
lo gélido, lo alejado.
La mentira encerrada, la falta de humanidad.
¡Los he visto a todos!
¡Me han rozado!
Podría hablar de ellos, ¡horas!
Ahora podría reconocer a los dioses
a la distancia.
Podría despotricar contra el destino
usando las palabras adecuadas.
Lo he visto todo.
Los he sentido,
y en mi han causado estragos.
Los he sentido,
en él.