Mi mandíbula se cierra entre tu patética carne
faldera que nunca supo, ha sabido o sabrá hacer algo bien. Mis manos se
retuercen ante tu cuello desfigurado por el balance perfecto de mi crimen
consumado y esa risa idiota que no dejaba de salir de tus inferiores labios.
Gozo con el hedor de ésa pútrida mezcla de tu sangre que no volverá, y de mi
sudor que espero volver a oler sobre el cuerpo que me has quitado. Rata
usurpadora. Conquistador desalmado. Cómo vivías con lo mío por derecho entre
tus brazos, sin estar atento a que mi sombra se posara entre la luna y tu
ventana y dejara caer mi cuchillo con afán enrabiado sobre tu penoso corazón
humano. Infame esbozo de soledad en mi mente has dejado por haberme quitado al
ser que más amo. Imperdonable pecado y
maldito mi pecho aún exaltado. Mi corazón masacrado. Se regocija. Ante tu
rostro ahora desfigurado. Por la fuerza que Ares en mi cuerpo poseído ha
depositado. Y que ha actuado. Dejando el
camino despejado. Para correr y a sus brazos lanzarme exaltado. Para comer su
lengua y hacer mías sus manos. Sus pecados. Sus confesiones y sus llantos. Para devorar sus temores y
hacer míos sus labios. Sólo míos. Para llevar a mi cama y hacer el amor para
siempre enlazados. Sin nadie que sobre. Sin tu presencia rodeando. Mi
sentimiento desbordado. Por mis ojos, mis manos, el puñal y tu cuerpo
reventado. En un punto condensados. Amándolo. Con la fuerza con que contigo he
terminado. Porque te odio. Y el sentimiento maldito aún no ha terminado. Por
haber sabido aunque fuera por segundos que en su cama has estado. Que su todo
has tocado. Y porque en sus recuerdos sigues palpitando. Así que te sigo
estrangulando. Te sigo destrozando. Escupiendo y pulverizando. Celebrando. Ante
tu cuerpo inerte y mi ser victorioso proclamado. Que ya no estás. Ya no
volverás. Y mi ser dignificado podrá actuar. Y ya no teniendo a quien culpar.
Veamos quién será el que ahora por mí sufrirá…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario