sábado, 29 de marzo de 2014

Dolores

El convento ajeno me cobija:
No es mío
No es mío.

En mi mente recuerdos abundan
pero callo.
No es mío
No es mío.

Imagen del loco blanco y negro
torturado luego de que lo amé.
Recuerdos en diarios; las drogas no aplacaban.
Recuerdos del amigo lapidado en clandestinidad.

Y contemplar bajo el cerezo
la primavera que odiábamos.
Y conversar y discutir
centrada en tu mirada intensa:
correr aferrando tu mano
del grito beligerante de los que un día te iban a matar.

No es mío.
No es mío.

Los deseos de apretarte el lacrimógeno cuerpo
y que me protegieras a mí
y no al mundo,
¡qué egoísta!

Tu aroma a oscuro clavel silvestre;
remembranza del sabor que no sentí.
No es mío
Quizá jamás lo fue.

Y vestirme de negro entera
por el luto escondido
y rendir y sacar cuentas
de las huérfanas a las que ahora enseño francés.
Y no poder evitar acordarme de ti.

La falta de un nombre,
¡el arrebato!
la vida sin memoria
nadie que los pueda recordar

Madres ovilladas
llorando.
Las de ellas en un puterío cualquiera
la tuya repudiada en París.

Y nadie más.
Todos muertos:
bajo tierra, agua, arena, el fusil.
Igual que tus fotos
Que nuestras cartas mundanas
firmadas por tu nombre borrado para siempre
en la historia de la patria
firmadas por el nombre con que tú me llamabas
y yo abandoné.

No es mío.
No es mío.

Y pasar el día rezando a dios ajeno
enseñando
dictando
sonriendo
una historia que no es mía y jamás lo va a ser.

Y sentarme recostada
en el tronco del cerezo
a recordar la piel que habité:
tu voz ronca cuando enojabas
el ímpetu al hablar de los demás
el tálamo jamás compartido;
el amor azul.

Y llegar al verano embustero
y yo recordar
el mutuo sudor generoso,
la risa ante el hurticante agua que
ante la última causa
no nos importaba realmente evitar.

Mi pelo
tomado
tus brazos
besarlos

Y que arribe el ansiado otoño
enciérreme en el armario
y junto a la estufa a parafina
recuerde el añorado olor a barricada
presente la última vez que amar lo que hacías
tu lucha
la lucha de todos
la razón de tu vida
el corazón de ti.

Y re-pensar seudodrogada
en las posibles formas
de vivir sin ti:
el par de nombres que tomé
la cuasi-adicción que a nada me llevaba
el vagaje
el quebranto del alma.

Y volverte a sentir
¡ampárame Dios ante la vida ahogada!
y atontada sentir
que vuelvo a la imagen
en que encapuchado del color de tu dejo
por última vez amando
te vi.

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