Montruosos.
Soledades y omisiones inconmensurablemente
grandes.
No hago más que vomitarme hacia adentro.
Planificar homicidios de ideas mías.
Comerme lo que es mío y que nadie
sabe que tengo yo.
No encuentro más camino que el del ensimismamiento.
No logro ver más luz que la del foco del poste cualquiera.
No entiendo como sonreír a mi manera.
No pienso en cómo se puede seguir igual.
Mis pulmones borbotean por el asco.
Blanco o negro.
Mis ojos ni siquiera sirven para llorar.
Lo cotidiano.
Estrella de setescientas puntas
que no apuntan a ninguna parte,
más que hacia el páncreas,
el futuro,
lo oscuro.
El fin.
Motor que no suena natural dentro mío;
consonante desapaciguada.
Sociedad que me estruja por preguntar qué hago aquí.
Agujero atravesando todo.
Cúrcuma en mi gargante al tiempo constante.
Desfiguración que de dentro del tórax no se va.
Mentira al sonreírle a la vida impía.
Canto de inconsecuencia asquerosa;
manzana podrida.
Camelia.
Aracada sin fin.
Inseguridad ante el mundo que creía justo.
Ceño que se frunce al recordar.
Al sentir por lo que ha pasado,
y de lo que no ha podido siquiera un poco evolucionar.
Cánido devorando la basura de mis vísceras,
madre abrazándome al amparo de un consuelo
que no sé para qué servirá.
Chacal que escupe sangre sobre mis palabras.
Qué importa: nada es verdad.
Estabilidad nula al decir mañana,
maldigo eternamene al destino mezquino.
Poste afuera que sigue alumbrando.
Yo, el de siempre,
que nunca siento que sigo siendo el mismo.
Escupo al cielo nublado,
por no alumbrar mi cuerpo.
Insulto a las personas sin cara,
por no detener su paso arrogante.
Rasguño mis pieles buscando en algún lado una respuesta.
Me encamaro en los brazos de cualquiera.
¿Y de qué sirve?
Si todo está perdido.
Si todo está ya jugado.
Si los dados no sirven para nada,
y tú y yo seguiremos siendo siempre los mismos.
De qué sirve.
Una metáfora.
Un pájaro.
Un sinécdoque.
Una palabra y una flor.
A qué nos lleva.
El miedo.
Los sentidos.
El cariño.
La luz.
A dónde vamos,
si en todas partes los niños lloran
Y a dónde quiera que vaya,
habrán penas igual.
Si las palomas devoran ratones,
y las mujeres dan todo por abortar.
Si las sombras bailan dentro mío,
igual que afuera en la noche eterna.
Si nada me da una real respuesta,
y el poste afuera no deja de alumbrar.
Si este escrito es actual, actúas muy bien esa sonrisa, polillita. Espero de corazón que no lo sea: quiero creerte feliz.
ResponderBorrarRecuerda nuestra conversación en el desván.
Dos amores para tí, querido.
L.
Créeme, pestañas largas; tan sólo a veces veo el reflejo de mi memoria en los otros, y canto.
ResponderBorrarUn sólo amor pata ti.
N.