domingo, 22 de mayo de 2016

Mi luz

I

Voy a ahogarme en mi luz
allí me haré trizas
Voy a ahogarme en mi luz
y ahí yaceré
y moriré en silencio.

En silencios cómplices
ambiguos y angustiantes
en puntadas de peces mínimos y agudos
en mi corazón

Allí me compungiré,
bravío,
cual masa gelatinosa
en la que no se puede dividir
lo amargo de lo que es feliz.
Cual interiores de fruto denso y brillante
tuna, caqui, feijoa,
replegado manantial
contenido
cual embrión.

Cual embriones de elefantes
cual embriones de niños;
todos los mamíferos somos básicamente lo mismo.
Contención de cada momento posible
de cada emoción vivida y que se vivirá.

Y cada momento feliz se confundirá con lo agrio;
cuesta vivir.

Y cada alegría mundana,
los pájaros, los amigos, las mañanas
serán hueco también
porque hay dedos que ya no puedo tocar.

Tengo tanta, tanta pena
que cada vez que vivo y se hace
patente la unidad
se hace evidente que ya no estás.

II 

Mi corazón se va habitando por muertos
el falo está condensado,
no hay deseos.

Mi movimiento es lento cual navío al acecho
de posibilidades ínfimas
de encontrar el pan
los pájaros
las estrellas marinas

Soy como celacanto al vuelo.
Tan pero tan viejo mi linaje
que yo hoy joven ni me muevo
tan pero tan antiguos para las personas
los cordeles que dan cuerda a mi movimiento
que degluto como el lento cadáver
que amarrado a una piedra
se va hundiendo.

Soy el heredero de los muertos.
Soy el heredero de las luces de los huertos
entre los cuales mis abuelas prometieron en las noches
llenas de deseo
que ellas no serían como los demás
y entre higueras, pasionarias y pasiones
sellaron su pacto.

Y heme hoy aquí, hijo del pacto y el asfalto
de mezcla de su sangre azul
y la blanca de mi madre y mis hermanos
de mis circunstancias y cantos remendados
que desde años me han cubierto y protegido de estropajos
Y hoy son mi luz que me envuelve y me abraza
y del huerto de los muertos me separa
y del miedo de los vivos me separa
y me amarra y me aísla
cual camisa de fuerza o alar para volar

y alto me sitúa en una torre sobre la urbe
y de ahí me dispone a mirar
al mundo de los hombres y mujeres
que pululan, borbotean, cantan y se mueren
que arremeten, se enamoran y cantan y se mueren
que prometen, se apasionan, se unifican
y cantan y llegan a su fin.

Y yo aquí
envuelto en mis hálitos mágicos
voy a consumirme en mi luz y me haré cenizas
y repartiré de lo alto de mi torre
papelitos con mensajes de prudencias y emociones
cual galletas de la suerte chinas
y me haré trizas.

Observaré a personas de cristal tan pero tan frágiles
que lloraré y me haré trizas
y mis lagrimales verterán vientos y mamíferos marinos
y el agua que de mis manos escurre,
por tener sellados los labios
de tantos secretos de mis ancestros heredados,
llenará bares y callejas con mis cantos
y besarán cada frente y hombro y llanto
de mis amigos solos a los que no les hablo
por tener los labios sellados
con la cera de un cirio que dentro mío
se aglutina y me calienta, como un manto
y no se apaga jamás
y no se apaga jamás

y no se apaga jamás. 

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