miércoles, 11 de marzo de 2015

Gris Perlado

Hoy la conocí. Tenía los ojos de conejo, y era amable. ¿Y qué más puedo escribir?
He dado paseos por Bulnes: en mi mente, con las piernas, en mi intención. Y unos se han concretado, y otros no. Y heme aquí hoy, algo triste, de nuevo. Y heme aquí hoy, en el momento en que ya pasó. ¿Quedan coronas? De miedo, deseo, papel. ¿Queda pasión? Mi hojarasca, siempre escondida, en putrefacción.
Hoy la he conocido, en el bosque. Hoy nos hemos mirado, y he sentido confusión: ella con sus ojos de conejo, yo con mi rostro de perro. Ninguno es mejor. Ninguno es mejor.
Hoy me ha brotado hálito de las palmas; dulces tentáculos de las costillas. Silenciosamente beligerantes, han encontrado al que hace un tiempo dejé de buscar. Y lo han traído. A mí, a mis espaldas, mientras compraba en el cine del centro las entradas para el festival. Y mi nombre ha clamado, dulce, y yo he volteado y despampanado, como un sol. Y ha sido bonito; a veces olvidas los tonos que puede tener alguien, en vivo; como ver en persona un cuadro de Monet. Y estaba su novia. Y le compré calcomanías; todos sonreímos. Pero recordé, rato luego, como en su nombre había reposado un mes pasado, mirando para abajo, junto al encendido árbol de Navidad; “más luces no, por favor”. Más que mi sola luz no, por favor.
Ay, sombra de Lucien. Hay tanto pejesapo, tanto gato, tanto amor posible. Tanta función, y tanto espacio a ser llenado por cualquiera. Pero la vida no es sólo mente, y teoría y definición. Es melancolía, llanto espeso, luciérnagas, en el agua el magma surgiendo. Sentimientos cual delito, y aires de comunión. A veces, con alguien –el sol saliendo entre los cerros; tu mirada perdida al lado de la mía, y yo todavía con la esperanza de que por el centro podríamos llegar a pasear–. A veces, con alguien –tanto celo, tanta envidia; sí, pronuncio la palabra básica y maldita ante la penumbra de que resbalen de las manos mis añoranzas cual mágicas babosas–. A veces, con alguien –ese abrazo; esa mirada; esa confesión a las dos de la mañana, a través del computador–. Sí, a veces, la comunión.

domingo, 1 de marzo de 2015

Cierro los ojos
te miro, te toco y te beso.
Todo es de verdad.

tú y esa risa
tú y ese palpitar.

Pero: ¿me preocupas de verdad?
eres tú o el afán
de tacto.
eres tú o el afán
de amor.
¿Y qué es amor?
La forma del impulso
la forma del borboteo
la forma de la pulsión.

Hay tanto
que no puede ser aprehendido
hay tanto
que sin ser capaz de nombrarlo nos creemos
capaces de abrigar.
Tú y tu risa
la forma que me forma.
Tú, palpitar.

Pero, te siento:
de verdad.
No es lo mismo que ayer.
No es lo mismo que antes.
No eres Edipo.
No eres K.
No busco en ti columna cual puente a la totalidad.
Sólo te busco a ti;
a tus sonrisas
a tus miedos
a tus dedos
a tu dios.

Y no hay ya mayúsculas.
No hay ya pavor ante el Señor.
Eres de piel y hueso, como yo;
escala de grises de deseos y hollín.
Y, ¿por qué te quiero?
¿Porque a ti te puedo abrigar?
Porque puede haber abrazo mutuo
y calor nos podemos dar.

No lo sé;
no hay concluyente respuesta
pero entre tus dedos siento un hogar.
Y sí, hay un dejo patológico
cual evangelio muerto en Navidad
pero te quiero.
¿Importa algo más?
Y no es tanto:
eres un hombre de carne y hueso
como todos los demás.
Y uno no sabe mucho:
de dónde vienes, a qué vendrás.
No hay concluyente respuesta;
nunca la hay.
Pero contigo siento un hogar.
Y no entiendo por qué siento las cosas
pero las siento
y contigo quiero estar.

Aunque, las cosas como siempre se complican más:
no te miro, no te toco y no te beso.
Y no hay verdad.

Abro los ojos