Hay una caja en mi cabeza
a donde es enviado cada error
que cometo.
Que es abierta momentos luego
del errata maldito momento
en que descubro que está mal.
Luego sigo con mi vida,
"qué importa lo que haya entre
el principio y el final".
El problema es que
hay una caja que se abre a veces,
para dejar entrar
pero que deja entrever
Y se asoman sonrisas trémulas;
ojos solos.
Garras sedientas de vengaza,
bocas que murieron de fe.
Fotografías resquebrajadas
sobre las caras que más me importaban
Partes de mí que
me son imposibles de olvidar.
Que quiero
que escondo
que arremeto contra ellas con la moral.
Que envío al averno
que destrullo que rastro
que desvanezco su estela,
titubeo ante su recuerdo.
Partes de mí que pretendo
haber sobrepasado,
pero que
se asoman:
danzan, mutan,
se elastifican,
se contraen:
siguen con vida.
Evolucionan y cambian,
dan vueltas dentro mío
en su ciclo oscuro y pegajoso.
Y cuando se asoman me guiñen los ojos.
Me tocan las manos.
Sacan la lengua y hacen ese gesto
que me persigue siempre
y sólo estas veces se me entierra;
abierta queda la herida.
Luego de un tiempo
todo cicatriza,
pero saben todos:
es sólo aparente.
Hay más de un gesto que jamás podré olvidar.
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