lunes, 29 de febrero de 2016

Kai kai

I

Un recuerdo que abrigó cuando era niño:
"las palabras son uno de tantos idiomas."

mi capital soy yo,
mi cuerpo que viaja

mi capital soy yo,
mi cuerpo que viaja

mi capital soy yo,
el cuerpo que amé

el cuerpo que odié, cuando era niño
el cuerpo que fue
de escupitajos la erupción.

Ay, ay, mis manos vertientes.
Ay, ay, mi tenso tendón:
tenso por el hambre
tenso por el cobre
tenso por el trino

tenso por la lluvia
tenso por sosiego y la expectación
de otros cuerpos límpidos
desmadejados por apenas un hilo
que se dejaba ver

vertientes carreteras

tratados nupciales
tratados del brío
tratados de odio
tratados silentes
tratados de mutilación

tratados de multiplicación
de los niños
jugando entre las piernas
entre nuestras piernas
sin poder perder la cadencia
de nuestra unión.

II

Supieran los hombres
que entre nosotros se tejen hilos
de babas, de babas acuosas
de aire y radiación
desde que somos niños:
entre nosotros
con los gatos y los niños
entre ellos, aquellos que se odian pero comparten:
sangre, odio, tensión.

Familias tomando desayuno:
en la mesa, con clamores ahogados:
tráfago profundo de agua diáfana y pérfida
entre niñas y tías, entre esposos y esposas
entre la nana y el amante patrón;
ay.

Anexiones entre extraños
sentados en un bus:
cuántos dolores, cuantas historas y enfermedades comparables
sin que nos conozcamos.

Si movemos el foco
y salimos de nosotros, entonces,
¿no hay acaso una unión?
Es solo ver las cosas desde otro lado:
cual ángulo, cual pájaro, cual viejo ansioso de atención.

Busquemos las partes sueltas, hermanos, de nuestros trajes de lana y latón
hechos con lo que hemos recogido de las calles, con los temores de nuestras madres.
Busquemos esos puntos ciegos, esos silencios parecidos de los que la gente no quiere hablar;
las palabras son solo uno de tantos idiomas.

Buciemos, reptemos, engañemos y birlemos:
¿no somos todos, a veces, el mismo ser?
El mismo sujeto en el mismo tiempo en el mismo lugar;
no.

18.934.737-5
12.564.787-3
9.665.336-0
17.174-117-2

mi madre-un extraño-yo mismo-mi amor
las palabras son solo uno de tantos idiomas.

Detengámonos a veces, en la cúspide de nuestra culpa o sed,
navío,
y miremos alrededor:
brusco oleaje
carcajadas ignorantes
de nuestro pulsión
y pensemos
-atentos, anhelantes-
en todo el aire y todo el viento y toda la gana y resquebrajo e ingnorancia y contensión
que ha aguardado cada uno de los que ha pasado por aquí;
ay.

Sobreseamos nuestras formas.
Sobresigamos nuestras pifias
rechacemos y yazgamos en nuestros afectos
pero
no olvidemos
por favor -ya ha sido demasiado-
que somos todos, en cierta media, parte del mismo ser.

No en este momento exacto
no de esta forma exacta
no en palabras, no en lugares, no en espacios,
pero, créamonos
y veámonos
como esos niños que van alternando ante sus ojos
distintos papeles de frugelé.