jueves, 8 de octubre de 2015

Alas para mí

Una energía con la que me mezclé
¿podemos ver las cosas separadas ahora?
podemos
ser
sin tener en cuenta el quiebre
y la recomposición del cristal?

trozos grises, verdes, rojos
morados, azules
caleidoscopio de expectativas y suspiros entre la bruma del amanecer
-cómo recordarás tú las cosas, más vívido y menos melancólico que yo.

Hojarascas pisadas con rabietas
rabietas pausadas con respiros
repiros interrumpidos por pasión.

Cómo estarás tú
que entre mis luces te fulgiste y descarscaraste tantas veces;
qué habrá quedado de ti en mí.

Ayer Javiera
-la recuerdas; la había conocido cuando estábamos en uno de nuestros mejores tiempos
poco antes
de que dejáramos de hablar-
me dijo que había adquirido uno de mis gestos
ése de ponerse
la mano en el corazón.
Ella, que tanto admiraba por su sagacidad
y que tan independiente la veía del mundo
cual plutón
lleva una parte mía en su corazón.

Quizá no esté tan solo
en este momento
en el mundo

Quizá en mi zigzagueante paso
-desde que te fuiste no he vuelto a sentarme a ver el amanecer con alguien más-
sí he ido generando nexos
como en ese juego de niños
en que se van enredando entre los dedos los hilos
y luego se empieza a desmadejar
-¿lo recuerdas?

Y aunque ahora sienta deseos de irme
siento cosquilleo en los homóplatos
en las nalgas
en las pantorrillas;
y solo, ante el peñasco en el que junto a mí te posabas
y balancebaas y reías;
Dios, cuánto miedo de que fueras un día a caer
...
Abro esta mañana los brazos
y siento cómo se tenzan los hilos que sostienen mi piel:
los de mis nuevos amigos, los de Javiera,
los tuyos
que hoy vienen de tan lejos.
Y hoy
son como alas para mí.