domingo, 18 de mayo de 2014

Zapallar

Aunque no lo sepas, tengo un plan maestro,
bebé.
que tiñe
cada día
ciertos lados en mi vida;
recoveco mío siempre eres tú.

Té con leche bebo;
te recuerdo.
Y lleno de medusas mis pinturas,
leo sobre Toronto
y uso
rosas en los pies.

Entre cristales,
de mi alma el frágil tamiz,
entre copas y el destello en ellas reflejado:
río, sonrío, coqueteo
y a veces pienso en ti.
Y horas hablo y bailo tejiendo historias
breves
con extraños:
y aprendo y reflexiono y llego al punto
y al final
siempre pienso en ti.

Y llegan los días:
marzo, junio, abril.
Y el astro se mueve impertérrito:
sé que mi saturnina reflexión llegará también a ti.

Y pasan los años:
mis compañeros han cambiado
y dentro mío, mis recuerdos,
se han alargado y palpitado
al punto
del foco mío también modificar.
Pero, hay cosas que van muy dentro
y que ladran al mismo compás;
nuestros haces:
negro y blanco;
azul y plateado;
Marte y Plutón;
de a poco en la historia se dejan tocar.
Y se pigmentan
un poco
cada vez.
Y eso tiñe en tiempo el caminar.

Y andamos a destono,
bebé;
no sé si seas consciente
pero yo sí.
Y es que por distintos hilos hemos sido ungidos
pero hay algo que es común
tan fuerte
tan fuerte
que no podría ni un día dejarlo de ver.

De la mañana el cuestionar
Tú, brusco olaeje,
de la sordera del paradigma el despertar.
Tú, bebé.

Y, ¿crees que sé el final?
Que por el hecho de mi marioneta siempre sola
haberse enrededado con la tuya, mía igual:
el mismo molde
-novicio, arlequín-
pintada en distintos colores
por un cuidadoso anciano alguna vez.
¿Piensas tú que
por haber encontrado en ti ese aroma al hogar
-de nuestra madera siempre sola, recuerdo de ese bosque zapallar-
sé a qué llevará?

Que hayas sido tú del árbol que miraba al cielo,
y yo el que lo hacía al mar.
Que yo te haya visto en un inicio, y tú no a mí
no cambia
que nuestras raíces se hubieran estado tocando
formando, en el piso del bosque,
estrellas
esbozando un beso
para siempre jamás.

La silueta en la noche
La silueta en el día
¿Nos iremos a tocar?

Viento de tu cuerpo siendo
aire en mi oído;
regocijo.

De mí no entiendo:
la constancia de mi ojo de nogal, siempre atento
a tu crepitar,
quizá.

Pienso a veces,
que de ti no necesito nada más.
Pero, la vida de una vuelta
Y en el eje está tu mano y la sonrisa
el abrazo; despertar.
Y ya sé cómo actuar.
Y ahí, pienso, no necesito nada más.

Pero, tu aroma a bosque
y una nueva vuelta
y, te veo:

Y el plan maestro se teje sin cesar
Y el plan maestro se teje sin cesar